El investigador y crítico Gabriel Cabrejas publicó en el Blog de La Cocuzza su crítica de la obra "Pero que se vea el mar". A continuación se reproduce un fragmento de la misma. (El comentario refiere a la puesta de la primera temporada de la pieza realizada en el Teatro El Caldero de la ciudad de Mar del Plata durante la temporada 2009).
"Pero que se vea el mar", de Pablo Mascareño y Graciela Spinelli
El esperpento, de ida y vuelta
No abundan, admitámoslo, las obras de teatro de ambiente marplatense, aunque existen los dramaturgos marplatenses. Será cosa de analizar por qué habiendo tantos, y buenos, no hablan de nuestra ciudad, si bien hablan desde nuestra ciudad. Mientras, tenemos la suerte de contar con Pablo Mascareño, que, complicidad de Graciela Spinelli y El Caldero mediante, botó en plena temporada Pero que se vea el mar.
Y esta vez, estamos de fiesta. Porque es una auténtica celebración para todos semejante dream team de actrices oriundas, reunidas como pocas veces. Conocerlas tanto no menoscaba el disfrute puro de quienes no las vieron antes, pero nos invita la Historia a recordarlas para las generaciones bisoñas. Hablar de Elsa Alegre e Hilda Marcó, hasta hace poco juntas en Se me murió entre los brazos de Alberto Drago –obra exitosa si las hay, puesta y repuesta durante casi veinte años—significa hablar de medio siglo de persistencia en nuestros escenarios: la Línea Fundadora de la dramática local. Sandra Maddoni, Laura Federico, Andrea Chulak y Silvia Fleischmann son más jóvenes, claro, pero constituyen todo un capítulo, también, de la misma vida.
Naturalmente, el equipo que dirige Graciela Spinelli, la sexta histórica, no garantizaría más que salvar con discresión profesional una obra si ésta no acredita por sí misma valores. Sin embargo, además de que parece pensada para ellas, el texto se responsabiliza del lucimiento de todas.
Veamos. Un tren detenido sin fecha de arranque, en el andén de la estación Mar del Plata. Luces que se encienden cuando quieren, basura inmemorial tirada aquí y allá, y la fauna, femenina en este caso, que más allá de la desmesura con que se muestran, pupula nos guste o no en nuestras playas lumpen-gasoleras. De esto hablamos, porque la risa brutal no deja de mirarnos, porque a través del álbum social-zoológico se balea a quemarropa a buena parte de la respetable colonia turística. Sutileza de la puestista, las filas de asientos del vagón se confunden con las sillas del público mismo...()
"Pero que se vea el mar" es la comedia marplatense por excelencia, con las mejores actrices que pedir se pueda. Era hora de que nos pasara.